El ruido de las cosas inconclusas

A lo largo de la vida, a veces uno va dejando cosas inconclusas, las cuales, aparentemente olvidadas dejan huella en uno, por ejemplo, las emociones no dichas en el momento adecuado, se convierten en chance para que de quien no nos defendimos en el momento nos siga molestando. Además, esas cosas no dichas generan una sensación de enredamiento, de que uno tiene muchas cosas inconclusas. Esto mismo va al dejar las cosas inconclusas no tirando notas ni papeles, que se van acumulando en el cuarto hasta hacer un gran desorden. Además, al tener uno desordenada la casa, la energía se estanca, y ese no desechar papeles del pasado es una forma de no dejarlo ir, contaminándose uno energéticamente.
Hasta las cosas ignoradas por otros meten ruido, pero bueno, eso es harina de otro costal. Pero todas esas cargas emocionales hay que afrontarlas, no importa que tengan 40 años de antigüedad, hay que afrontarlas, para liberar la energía asociada a ellas, mediante un proceso que se llama catarsis, que es evocar la situación traumática junto con la emoción que causó, liberando la emoción asociada, pero una vez desahogado esto hay que volver a la realidad. Hay que huir de las filosofías que hacen de la catarsis un modo de vida, queriendo hasta crear falsos recuerdos para que sus adeptos llenen el tiempo de su turno de discurso de catarsis estancándose emocionalmente. Los recuerdos hay que visitarlos temporalmente pero luego volver a la realidad, por que si no la catarsis se vuelve perniciosa y se vuelve histrionismo y enajenación.

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